Cada vez más



Jamás se termina de aprender,
Sobre todo, si se es consciente de la ignorancia.
En cada segundo que obtenemos en esta absurda
Batalla, se revela una cantidad infinita de
Misterios ante los ojos, y así cada vez más.

A través de un camino que ya no sabe
Si es breve o prolongado, se deslizan las
Intenciones de quien conoce la derrota,
Mas no la desdicha. En cada caída
Se gesta un regocijo, y así cada vez más.

En una plaza de cierta ciudad, se reúnen
Vidas que no se cruzan, que transcurren de forma
Paralela o, más bien, indiferente.
Las personas son burbujas que flotan en un cielo verde
O azul, que se rompen al tocarse, al mirarse,
O al percibir cualquier atisbo
De su realidad, y así cada vez más.

Miro al espejo como quien consulta los astros,
Pero en mi cuerpo solamente veo algunas
Huellas del pasado, que ya no importan más;
Y el futuro es una oscura sombra que se yergue
A mi espalda, y así cada vez más.



Eterno retorno (fragmento)





Azul el cielo y nubes en él; el mar se corona de espuma cada mañana, y se alegra en su inmensidad; recorre el mundo con la certeza de quien ha logrado su objetivo; no así estos pasos indecisos que han perdido el rumbo, que caminan en círculo desde hace muchos años; estos ojos que han asistido a la misma desgracia una y otra vez, y se convencen cada vez más de su condena.

¿A dónde caen los
sueños rotos?
¿Dónde se derrama
el agua que ya no fluye?


     El aire se torna más denso, y se vuelve más difícil respirar, y todo parece una lucha sin tregua y donde no se conoce al enemigo. El tiempo, la vida, y esta carrera sin final donde la sentencia ha sido dictada. Esta batalla que nadie gana, pero todos hemos perdido algo; veo mi paciencia y mi confianza marchar sin volver la vista atrás; todo resulta extraño, nada parece lo que era. Palabras y hechos, y el pasado girando en ruletas asesinas premeditadas.

¿A qué edad?




¿Cuándo dejamos de tener miedo?
¿A qué edad se aprende a sonreír con sinceridad?
¿Por qué después de tanto años todavía extraño a mi gato?
¿En qué condiciones crecen mejor las calabazas?

¿Qué día es el adecuado para dar un primer beso?
¿Por qué todavía no he aprendido a escribir bien?
¿A qué edad, maldita edad, dejaremos de ser tan frívolos?
¿A qué edad esta generación tomará conciencia de la situación en que se encuentra?

¿A qué edad entendemos que no somos el centro del universo?
¿A qué edad estamos listos para amar? ¿Estamos listos para amar?
¿Cuándo terminará esta búsqueda sin tregua, de algo que no conocemos?
¿Cuándo entenderé, y entenderán, que la vida se mide en instantes?

¿Existe acaso una edad para las cosas? ¿La vida tiene edad?
¿El viento tiene edad? ¿Y el fuego?
¿Qué es la edad? ¿Por qué medimos las cosas?
¿Yo tengo edad? ¿Existo? ¿Existe algo?

¿A qué edad —bendita edad— comprendemos que todo es relativo?


Tarde o temprano






¡Cuánto desearía yo tener extrema sabiduría!
No son pretensiones de
riqueza ni de famas
las que extravían mis
palabras hacia tan
desesperado acantilado.

Es esta ignorancia tan absurda,
que me hunde, más que
hacerme navegar a puerto,
y oculta de mis ojos
la respuesta que persigo.

Ojalá fuera yo tan
sabio para comprender
los misterios de las palabras;
que pudiera saber cuándo
es tarde o cuándo temprano.

Sobre esta ambigüedad
se cierne mi destino,
y la incertidumbre hace
presa en mí cada instante.

Si pudiera yo conocer
los segundos que se
vuelcan en la espera a
que me veo obligado;
conocer la distancia trazada
entre sus palabras y sus hechos.

Pero no, vana esperanza,
no existe correspondencia entre
una promesa y la certeza
de su cumplimiento.

Si yo supiera,
si ella supiera,
contaría los días a guardar,
me escondería en lo más profundo,
viajaría a los lugares donde no
habitara la desdicha de saberla lejos,
de saber que sufre veces más;
apagaría los recuerdos que circulan
por mi mente desde el alba hasta
que el sol deja de mostrarse.

Pero no sé cuándo es tarde o cuándo es temprano,
y solamente me aferro a esa promesa.
¡Ojalá fuera yo tan sabio!



Deslizamiento






Volví, vuelves, volveremos, tocando aquí y allá; un día más, reuniones; luceros bajo noches heladas. Luz de aire. Noches de sal. Una vez más, menos. Contiene. No hay mejora. Al pasado no volveré, volví, volverán. Hay un trozo de no sé qué, no sé qué. Hay un trozo. Basta un suspiro, un destello o hasta un nudo o un solo rayo bajo este cielo sereno, para calmar la aciaga sed de viles almas errantes. Todo será lo que ya fue, y ha sido este un camino transitado desde remotos tiempos. Tiempos. Hace tanto ya, nadie lo recuerda. Nadie lo sabe. Inventar. Se suman las fuerzas, dos de miles. Una vez más. Basta. Por el último momento. Esta ocasión. Charla con el sol, no vendrá, no será hoy. En este lugar, aquí y ahora; ahora. Aquí. Blancas velas de sal. Yacen por la playa los cuerpos mutilados. Valor anclado en barcos sin velas. Llamas de colores. Rojo. Negro. Viento. Falaz vida de mentiras. Destruir. Tiende siempre a la nada. No habrá más tristeza. Al más allá. Más lejos de lo lejos. No vendré. Volverás. Ella no. Ellos no. Fuiste. Un pedazo de tierra en el huero de un dulce de miel. Una roca perdida en el océano. Vago. Difuso. El sendero de regreso a casa. Nadie desea volver. Nada queda. Sereno. Solemne. Acaso ya no hay retorno. No habrá vida. Volverá. Lo dudan. Ríos cruzando la superficie de las miradas. No hay ruido. Atónito. Respiración contenida. Llanto ahogado. Adjetivos. Hojas manchadas de tinta. Volvió. Se ha marchado. Marchó con la aurora. Hasta el final. Más allá del más allá. Más aquí. Volveremos a ser locos cuerdos, atados a este sentimiento. Una vez más.

Entre llamas y miradas






Préndeme la vela para alcanzar a ver los movimientos más sutiles; y baja un poco la voz para escuchar los latidos; hace tiempo ya que no sé el rumbo, pero esta noche quisiera recordar mis sentidos o los tuyos, o debiéramos ir a la luna sin mover un dedo, solamente parpadeando un par de veces. Ya ves, nunca fui capaz de mantener una conversación ni un orden, y mucho menos capaz de sostener una mirada por el tiempo necesario. Pero después de tanto, sabrás que nunca sé cuánto es el tiempo necesario; supongo que jamás lo entenderé, pero es que hace mucho que perdí los retrovisores. Mueve tu mano, así, me recuerda algo pero no sé qué cosa; ¿todavía pasas por aquella calle? Debe haber alguna historia de aquellos días, creo que una vez pasó algo con una ventana y un pájaro; o tal vez lo soñé solamente. Viendo el movimiento de la llama pareciera que todo pasa más lento, aunque al abrir los ojos, las sombras se hayan alargado, y un dolor recorra cada músculo de nuestros cuerpos. Hay algo de extraño en los reencuentros, y no hablo de nosotros, porque en realidad nunca nos hemos separado; me refiero a que se pretende volver a una cosa y encontrarla igual, pero es imposible: la historia se produce en serie; triste esperanza. La cera cae para todos los lados, recorre el largo de la vela antes de condensarse y quedarse inmóvil mirando al papel o a la madera. Miras al suelo y después a mí, y no sé qué buscas; quizá no busques nada. Sonríes como antes, aunque yo hable de reencuentros y de abandonos; pero mientras la distancia se acorta entre la llama y la mesa, tus manos siguen moviéndose suavemente; y es allí, entre tus manos, una llama y una noche, donde mi mirada encuentra reposo y consuelo. 

Te escribo



Tú, el único motivo de mis desvelos y de mis sueños;
qué paradójico que sintamos tanto el uno por el otro y no podamos gritarlo;
qué desgarrador que la vida ha cruzado nuestros caminos en el momento menos indicado;
qué desafortunado que, sin importar la distancia, te sienta tan cerca con tan poco;
qué trauma que lo único que pueda hacer sea escribirte
en mi poco tiempo de libertad; qué fortuna.
           
Te escribo, y siempre lo hago; incluso cuando no puedo hacerlo, lo pienso;
tan fuerte es mi deseo de comunicación.
Cada palabra que no puedo escribir queda plasmada en mi memoria,
esperando, solo esperando el momento de liberación en que te alcance;
por fin el momento en que mi mente y mi corazón
descansen de la carga de mis pensamientos por ti,
del recuerdo de aquel 23 de julio, ¿o del 24?
Da igual, porque ambos días te pensé con la misma intensidad.
Ambos días el amanecer ha sido el mejor de la historia,
con la intensidad que solo se puede alcanzar
cuando dos corazones gemelos se encuentran por primera vez,
con la intensidad del mar, de ese hermoso mar
que fue testigo del comienzo de la peor de las locuras,
pero que, al mismo tiempo, fue testigo del comienzo
de la más preciosa historia de corazones amantes.
           
Prometiste volver, y yo prometí esperarte,
mientras tanto, te escribo solamente.
Prometiste estar siempre, y yo prometí esperarte una vez más,
eso es lo único que te puedo dar.

Debo confesar que añoro volver a mirar tu rostro,
reflejarme en el café de tus ojos, quererte más, pertenecernos otra vez;
anhelo todavía que mi corazón se llene con las huellas de tus pasos,
que pueda volver a verte, y así una y otra vez,
para mantener tu recuerdo intacto en mi mente,
para que nunca se vaya de mí tu presencia.
Si tengo que sobrevivir con recuerdos: elijo el tuyo;
y si tengo siete vidas, como tú, por siete vidas te elijo como mi locura favorita.




Autor: Metamorfosis.




Entre tres




Jamás he viajado a la Luna, ni a Marte;
ni siquiera he anhelado salir de la Tierra.
Todo se acaba.
En mi tumba se leerá que fui un vaso de vidrio,
y que morí lleno de vida.
Todo se esfuma.
Hace dos días tuve un sueño y no lo recuerdo.
Debo ser infinito.
En un papel dibujé un cuerpo marchito,
pero se quemó con el viento de invierno.
Tengo dos nombres.
Todo vuela.
Por no pecar amarré mis manos,
y el sol se apagó sin el combustible que lo alimentaba.
Vi cosas eternas por un segundo,
o acaso haya sido una vida.
Todo se marcha.
No seré astronauta, ni he viajado sobre rosas de seda.
Hay días de colores, y tiñen las sonrisas de arcoiris.
No tengo paz ya.
Todo es lloro.
Cuando camino brotan espinas del suelo,
y yo soy fuego que consume.
Quise ser lluvia y caí muchas veces, pero jamás mojé nada.
Todo es etéreo.
La bondad no existe en la guerra,
y las batallas se ganan con globos.
Hoy vi un montón de ciegos con armas, y apuntaban hacia el suelo.
La vida sangra con desesperación.
Todo es granada.
Los ruidos me despiertan en la madrugada.
Todo es lava.
No sueño con encontrar lo que he perdido,
ni con recuperar lo que se fue.
Todo es olvido.
Un día platiqué con un mendigo, y tenía oro en la mirada.
Todo es negro.
Espero a solas para hablar conmigo;
soy tímido y no confío en mí.
Todo es hierba.
Quise ser un dios de madera y reírme de mis devotos.
Todo es engaño.
Soy dos cuerpos, soy agua con azúcar.
Todo es engaño.
Todo es nada.
La vida vende algodones de azúcar.
Soy un recolector de letras.
Todo es pasión.
Hay un hueco en el suelo de mi rencor que no se llena con recuerdos vagos.
Todo es virtud.
Hoy no sé qué soy ni qué he sido.

Todo es olvido.

Rotos


Rotos como algún recuerdo, 
gastados como algo que se usa mucho, 
tal vez una palabra o una caricia; 
de pronto hay un pedazo que falta 
en ese camino donde tantos han cruzado; 
de pronto hay algo que falta en esa rutina 
que mata poco a poco a la gente. 

Todo se rompe; 
algunas cosas lo hacen estrepitosamente, 
como el cristal impactado por una piedra, 
y vuelan en mil pedazos; 
otras cosas se rompen en silencio, 
poco a poco se van gastando y volviéndose frágiles, 
hasta que un día ya no están, 
y no hay forma de repararlo; 
se rompe el mundo y se rompe el alma; 
se rompe en llanto.

Rotos como el cielo que llora 
gruesas gotas de fría lluvia, 
y moja los autos y techos de gente rota; 
deshechos como tristes espectros 
que vagan sin rumbo por calles sin número 
en ciudades presas del miedo 
y el terror impuesto por personas, rotas también, 
rotas del alma y del cuerpo. 

Rotos también como las virtudes del ser, 
tan olvidadas y abandonadas 
como la cosa más abyecta y atroz; 
rotos además como esta sociedad humana e intelectual, 
presa de sí misma y que, 
a pesar de todo, de adjudica el orden y el respeto; 
nada vale ya, nada está completo; 
todo ha sucumbido ante la corrupción 
y ante el paso del tiempo y el viento sin cesar.


Rotos como tú y como yo, 
como la sonrisa que contemplas en el espejo, 
roto también. 
Los ojos reflejan el estado de este mundo nuestro, 
y se nublan ante la pesadumbre 
de ver que todo está hundido y perdido; 
todo está triste, y roto.

Mientras escribo


Mientras escribo estas letras
las nubes ocultan el sol,
y las gotas de lluvia amenazan
con caer al suelo.

Mientras escribo, una hoguera
se enciende en el fondo de una caverna,
donde vive un hombre solitario.

Una mujer corre hasta la orilla
de una calle para alcanzar un taxi;
y un conductor de taxi se traslada
por una avenida muy concurrida.

Mientras arrastro mi alma
un nuevo ser abre sus ojos ante la vida;
y al mismo tiempo alguien los cierra,
y otros, sufren con calma sus heridas.

Ella se encuentra lejos,
y mientras yo escribo ella canta.
también una guerra se declara,
y un amor se calla.


Mi mano se detiene, y a la vez
se detiene la mano de quien amenaza
con tocar a una puerta.

Mientras escribo, una nueva canción se crea,
un vaso se rompe,
una llave se pierde,
una casa cae.

Una casa se levanta; escribo,
y una abeja danza y el mundo gira,
y un nuevo plan se forma.

Mientras escribo estas letras,
escribo estas letras.
Y el tiempo pasa y no me alcanza,
no basta, mientras escribo.

Lucho por subsistir,
y mientras tanto la Tierra
gira a una velocidad que desconozco;
una mujer dice: “acepto”,
y un médico dice: “ha muerto”.

Mientras escribo estas letras
alguien abre una sombrilla
en alguna parte del mundo;
y un señor sale de casa
con rumbo al trabajo.

Escribo y la vida rueda,
y la tinta se impregna al papel
como el llanto en los ojos
de aquel niño que no tiene qué comer,
y fluye y fluye sin descanso.

Mientras dejo caer estos trazos
escucho al fondo una melodía,
y unos metros a mi derecha
los vecinos gritan sin control.

Escribo y hablan;
hablan, y miro al cielo.
Mientras tanto el cielo se torna frío,
y un auto hace alto  frente a un semáforo en rojo.

Un avión se desplaza a grandes pasos,
mientras yo suspiro y avanzo
lentamente en mi afán.

Mientras continúo, una palabra guardada
sale por fin a la luz,
y también se hacen entregas clandestinas
en callejones oscuros.
Mientras escribo, ella duerme,
y otras letras se revelan
ante ojos de quien abre una carta
esperada con ansias.

Mientras escribo y pienso,
un discurso se pronuncia en voz alta;
alguien conquista una cima,
y otro, alguien más, compone una rima.

Cuando ya no puedo más la vida gira,
y mis manos se quedan atadas al tiempo
y avanzan a pesar del tedio;
mientras el reloj camina
yo escribo estas tristes letras.

De la misma forma en que
mi débil carne se desplaza,
se dicta una sentencia por
un crimen cometido, a la persona equivocada.

Un caballo corre velozmente por un verde prado;
un águila se lanza sobre su presa;
un contrato se firma;
en una casa se sirve la cena,
y en otra el desayuno.

Mientras yo me lanzo
en lucha a muerte con la muerte,
la poesía abre sus ojos y viene;
mientras escribo todas estas letras,
ella mira con calma a través de la ventana,
y yo siento pasar la vida,
y veo al cielo tocar la Tierra por un segundo,

mientras escribo estas letras.


-Enrique Dimas

Discurso de...

 Con la más sincera expresión de alegría damos la bienvenida a todo aquel que, ya sea por azar, temeridad o engaños, ha llegado a este punto casi muerto del mundo; en este proyecto que hemos decidido llamar "Con Alas de Cera" damos inicio a una aventura cuyo derrotero ignoramos, pero que es necesario descubrir. 

El objetivo que se persigue es la promoción de la literatura, principalmente de la poesía, credo que profesamos con vehemencia; a lo largo de este recorrido estaremos compartiendo algunas obras creadas en los momentos más aciagos o más sublimes, ya sean propios o de terceros que deseen colaborar; creemos que incluso en un mar de incertidumbre y obstáculos puede surgir algo bueno, y es por eso que apostamos el orgullo y la mitad de la vida en esto. 

El servidor, Enrique, junto con otros colaboradores que a su tiempo asomarán algo más que las narices, les invitamos a que nos acompañen a esta pasarela de anhelos vertidos en letras. Sin más por el momento, les deseamos feliz vida. Bendiciones.