Préndeme la vela para alcanzar a ver los movimientos
más sutiles; y baja un poco la voz para escuchar los latidos; hace tiempo ya
que no sé el rumbo, pero esta noche quisiera recordar mis sentidos o los tuyos,
o debiéramos ir a la luna sin mover un dedo, solamente parpadeando un par de
veces. Ya ves, nunca fui capaz de mantener una conversación ni un orden, y
mucho menos capaz de sostener una mirada por el tiempo necesario. Pero después
de tanto, sabrás que nunca sé cuánto es el tiempo necesario; supongo que jamás
lo entenderé, pero es que hace mucho que perdí los retrovisores. Mueve tu mano,
así, me recuerda algo pero no sé qué cosa; ¿todavía pasas por aquella calle?
Debe haber alguna historia de aquellos días, creo que una vez pasó algo con una
ventana y un pájaro; o tal vez lo soñé solamente. Viendo el movimiento de la
llama pareciera que todo pasa más lento, aunque al abrir los ojos, las sombras
se hayan alargado, y un dolor recorra cada músculo de nuestros cuerpos. Hay
algo de extraño en los reencuentros, y no hablo de nosotros, porque en realidad
nunca nos hemos separado; me refiero a que se pretende volver a una cosa y
encontrarla igual, pero es imposible: la historia se produce en serie; triste
esperanza. La cera cae para todos los lados, recorre el largo de la vela antes
de condensarse y quedarse inmóvil mirando al papel o a la madera. Miras al
suelo y después a mí, y no sé qué buscas; quizá no busques nada. Sonríes como
antes, aunque yo hable de reencuentros y de abandonos; pero mientras la
distancia se acorta entre la llama y la mesa, tus manos siguen moviéndose
suavemente; y es allí, entre tus manos, una llama y una noche, donde mi mirada
encuentra reposo y consuelo.
Alzamos el vuelo con la esperanza de buen destino; emprendemos el viaje aunque ya sabemos el final
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Mientras escribo
Mientras escribo estas letras
las nubes ocultan el sol,
y las gotas de lluvia amenazan
con caer al suelo.
Mientras escribo, una hoguera
se enciende en el fondo de una caverna,
donde vive un hombre solitario.
Una mujer corre hasta la orilla
de una calle para alcanzar un taxi;
y un conductor de taxi se traslada
por una avenida muy concurrida.
Mientras arrastro mi alma
un nuevo ser abre sus ojos ante la vida;
y al mismo tiempo alguien los cierra,
y otros, sufren con calma sus heridas.
Ella se encuentra lejos,
y mientras yo escribo ella canta.
también una guerra se declara,
y un amor se calla.
Mi mano se detiene, y a la vez
se detiene la mano de quien amenaza
con tocar a una puerta.
Mientras escribo, una nueva canción se crea,
un vaso se rompe,
una llave se pierde,
una casa cae.
Una casa se levanta; escribo,
y una abeja danza y el mundo gira,
y un nuevo plan se forma.
Mientras escribo estas letras,
escribo estas letras.
Y el tiempo pasa y no me alcanza,
no basta, mientras escribo.
Lucho por subsistir,
y mientras tanto la Tierra
gira a una velocidad que desconozco;
una mujer dice: “acepto”,
y un médico dice: “ha muerto”.
Mientras escribo estas letras
alguien abre una sombrilla
en alguna parte del mundo;
y un señor sale de casa
con rumbo al trabajo.
Escribo y la vida rueda,
y la tinta se impregna al papel
como el llanto en los ojos
de aquel niño que no tiene qué comer,
y fluye y fluye sin descanso.
Mientras dejo caer estos trazos
escucho al fondo una melodía,
y unos metros a mi derecha
los vecinos gritan sin control.
Escribo y hablan;
hablan, y miro al cielo.
Mientras tanto el cielo se torna frío,
y un auto hace alto frente a un
semáforo en rojo.
Un avión se desplaza a grandes pasos,
mientras yo suspiro y avanzo
lentamente en mi afán.
Mientras continúo, una palabra guardada
sale por fin a la luz,
y también se hacen entregas clandestinas
en callejones oscuros.
Mientras escribo, ella duerme,
y otras letras se revelan
ante ojos de quien abre una carta
esperada con ansias.
Mientras escribo y pienso,
un discurso se pronuncia en voz alta;
alguien conquista una cima,
y otro, alguien más, compone una rima.
Cuando ya no puedo más la vida gira,
y mis manos se quedan atadas al tiempo
y avanzan a pesar del tedio;
mientras el reloj camina
yo escribo estas tristes letras.
De la misma forma en que
mi débil carne se desplaza,
se dicta una sentencia por
un crimen cometido, a la persona equivocada.
Un caballo corre velozmente por un verde prado;
un águila se lanza sobre su presa;
un contrato se firma;
en una casa se sirve la cena,
y en otra el desayuno.
Mientras yo me lanzo
en lucha a muerte con la muerte,
la poesía abre sus ojos y viene;
mientras escribo todas estas letras,
ella mira con calma a través de la ventana,
y yo siento pasar la vida,
y veo al cielo tocar la Tierra por un segundo,
mientras escribo estas letras.
-Enrique Dimas
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