Siempre digo que mi encuentro con
la escritura fue un proceso bastante natural, derivado de mi relación con la
lectura. Es decir, que después de leer cuentos y poemas y novelas, me interesé
por hacer yo mismo algunos textos que ahora identifico como relatos o acaso
cuentos.
Pero todavía hay algo más atrás:
recuerdo que tenía un cuaderno que no usaba en la escuela y no sabía qué hacer
con él, mi hermana me lo había regalado y se salvó de las materias de la
secundaria, así que comencé a escribir canciones de rap que me gustaban y a
hacer dibujos de monos chinos y monos raperos. En ese entonces todavía no tenía
alguna intención de escribir con frecuencia ni de publicar mis textos, sino que
era una actividad de recreación simplemente. En ese cuaderno quedaron juntos y
revueltos poemas, relatos, canciones de rap, acertijos de lógica, entradas de
diario y alguno que otro secreto oscuro.
Ignorando todo el párrafo anterior,
decía que me interesé por la creación de textos literarios, y siendo otaku como
soy, pretendía escribir una novela sobre un tipo llamado Frank y su grupo de
amigos, cuya historia sonaba increíble en mi cabeza, pero que todavía no era
capaz de trasladar a una novela escrita. Fue un ejercicio divertido, pero en el
intento me di cuenta de que me gustaba más escribir poemas; no sé explicar por
qué, pero la poesía inundó con sus perras garras toda mi atención, y todavía al
recordar esos años algo se remueve y me hace querer volver el tiempo atrás.
A partir de eso, todo ha sido
aprendizaje, y lo único digno de resaltar es que, poco a poco, la escritura se
convirtió en una actividad importante para mí, al mismo tiempo que fui
conociendo más y más personas de ese círculo tan particular. Fuera de eso, hay
muchas cosas que no sé explicar, porque creo que es una actividad que no
necesita justificarse, y pienso en aquel poema de Bukowski sobre querer ser
escritor: sucederá si sucede y tal y tal… así que no pienso mucho en
ello. Lo único que yo pretendo es seguir haciéndolo y ser cada vez mejor, sin
que el oficio llegue a ser una carga sino una especie de aliado, un idioma,
como dice Alejandro Sánchez.