Tres escalones descendidos,
tres fechas fatales y trágicas
como la noche misma;
tres los pedazos que en el
suelo han quedado esparcidos.
Tres las palabras que quisiera decir,
si alguien quisiera escucharlas;
tres los meses que no vivimos;
tres nombres entre los que
alguna vez tuvimos que elegir;
tres las veces que he tenido que
esconder el rostro y las lágrimas
que derraman un sabor a olvido.
Tres veces tu voz ha entrado
a las cerradas puertas que
habitan el fondo de mi soledad;
tres y las necesarias horas
que habré de esperar
por ver tu tez.
Tres las caídas terribles cuyo
estruendo no ha logrado detenerme,
mientras, ya sin vida,
avanzo buscando tus manos.
Tres.